Quien ame el fútbol sala y nunca se canse de comentar las fantásticas (y/o polémicas) jugadas que se ven sobre la cancha, es más que probable que se entienda a la perfección con la familia Loinaz Mariscal. Además de ser fieles espectadores de este deporte, también conocen qué se siente cuando uno se ata las botas antes de salir a defender el escudo de un club.