Joaquín y Marc Roselló: el deporte en las venas

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‘Sedentarismo’ es una palabra que no se encuentra en el diccionario particular de Joaquín y Marc Roselló, padre e hijo. El primero de ellos ha ejercido esta temporada de delegado del Bosco Rocafort, aunque toda su vida ha estado ligada al deporte de una u otra manera.

Jugó a fútbol sala con los amigos a nivel escolar hasta los 14 años, cuando se pasó al fútbol 11 regional. Sobre el césped estuvo activo hasta los 31 años, edad en la que decidió colgar las botas.

A principios de esta campaña que acaba de finalizar, Nicolás Fernández se puso en contacto con él para proponerle ser el delegado del equipo. Algo totalmente nuevo para él. “Como delegado ves el fútbol sala desde dentro y esta experiencia ha sido muy provechosa. Se vive todo con mucha más intensidad y estoy muy contento de haber aceptado el cargo”, señala.

Por su parte, su hijo Marc Roselló Pi ha estado toda su vida en el Bosco Rocafort. “Empecé a jugar a futsal en 4º de primaria y hasta el día de hoy”, apunta. Sobre haber compartido vestuario con su padre, este ala comenta que “lo veía como el delegado, no como una figura paterna. Hablábamos de fútbol sala, no de nuestros asuntos familiares”.

Al respecto, Joaquín Roselló Wust asegura que era exigente con todos los jugadores, aunque reconoce que siempre tenía un poco más de interés en perfeccionar los errores que veía en su hijo. Algo, por otra parte, totalmente inevitable.

Palabras de elogio por ambas partes

Joaquín dice estar muy orgulloso de Marc. “Es muy buena persona. Y como jugador, ha ido creciendo mucho. Siempre le ha costado acoplarse a las nuevas categorías, pero cuando lo hace destaca. Actualmente lo veo a un nivel bastante alto”.

En cuanto a Marc, afirma que no tiene ninguna queja de su padre. “Me ayuda en lo que necesito y sé que siempre está ahí. Y como delegado, ha cumplido muy bien con sus funciones”.

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